El cenit de la concentración urbana. Análisis de los cambios en los asentamientos humanos al comienzo del colapso.

Imaginemos un escenario de ficción, consideremos que nos encontramos en 2030 y a partir de ahí dejemos desarrollar nuestra imaginación. Pues este es el punto de partida del presente artículo, creado por Henrique P. Lijó y publicado en el número 0 de la revista para una nueva civilización 15/15/15.

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El cenit de la concentración urbana.

Análisis de los cambios en los asentamientos humanos al comienzo del colapso. 

La década de los últimos tres lustros ha demostrado que la humanidad está atravesando las puertas de su cambio más profundo desde la revolución neolítica. En las siguientes hojas describiremos cómo se ha producido el proceso conocido como el peak urban o cenit de la concentración urbana. Un evento en rápida expansión en esta tercera década del siglo XXI y que nos está obligando a volver a plantear los usos de los diferentes territorios.

Después de la crisis financiera, el estallido de la burbuja inmobiliaria en 2008, vino el desplome de los bonos corporativos a principios de 2016, precedido por el estallido de la burbuja del fracking estadounidense que ya había sido predicho por los analistas más serios (Turiel, 2013): “En alguna parte tendremos que poner el dinero que los bancos centrales nos prestan tan fácilmente a menos del 1% de interés”, dijeron los/as inversor*s en 2014. Después de eso, solo los mas acerrim* s defensor*s  verdader*s adict*s de la macroeconomía, continuaron creyendo en las posibilidades del crecimiento económico (Stathan, 2020). La evidencia cayó como una pesada losa en la cabeza de aquellos miopes que, obstinados en la estima de la doctrina liberal, habían comenzado su autismo cognitivo. Hasta que sus propios números negaron sus razones: desde los años 70 del tan lejano siglo 20, el capitalismo no había podido unir márgenes de acumulación positiva sin la ayuda del financiación; Es decir, las instituciones bancarias aseguraron sus beneficios en la creencia de un progreso económico constante, hicieron fuertes inversiones, esperando que la productividad fuera mayor cada año, y las ganancias volverían a sus manos a través de las tasas de interés. Pero se equivocaron la energía atemorizo sus esfuerzos al comenzar a agotarse, al reducirse su disponibilidad, al no ser convertida en valor de cambio (Doldán, 2017).

SkguHGvx4g_720x0Pero una revolución nació en los territorios urbanos después de 2015. Su base material no era otra que la propia desintegración de lo urbano en múltiples configuraciones de nuevos estilos de vida, apenas etiquetados bajo la dicotomía rural-urbana. Las ciudades que alguna vez fueron fuentes de energía y materiales, vivieron una profunda recomposición. Las décadas de 2010 y 2020 fueron el escenario temporal del cenit de la concentración urbana. Aunque la migración interna hacia las ciudades han sido una constante desde el inicio de la industrialización, no fue hasta los años 60 cuando los planes de desarrollo económico para el régimen franquista del estado español, había dispuesto todo lo necesario para desertizar los municipios rurales después de la industrialización de ciudades La importación de productos extranjeros, la mecanización agraria, los bajos salarios a los productores de alimentos y la esperanza de unirse a la fiebre del consumidor urbano, han llevado a miles de jóvenes a mudarse a las ciudades (Bentolila, 2001). En términos de energía, podemos decir que lo urbano expulsó la energía de las áreas rurales para mantener en funcionamiento la gran máquina del capitalismo global, una máquina cada vez más técnica que necesitaba más y más energía.

Sin embargo, el escenario posterior al colapso está demostrando ser bastante diferente de esa ficción urbana. La falta de disponibilidad de energía concentrada ahora obliga a los urbanitas a buscar otras formas de vida. La deshabitación urbana comenzó a pulular en las mentes de algunas personas, sin llegar a convertirse en el tablero de debate durante las primeras décadas del siglo XXI. Los trabajos comenzaron a escasear, y una profunda decepción se produjo en la conciencia de aquell*s que, durante años, se habían preparado para competir en el mercado del trabajo cognitivo inmaterial. Fue en este momento cuando el crecimiento de la población en las áreas urbanas se detuvo bruscamente, lo que llevó a una disminución lenta en el número de habitantes, acelerada a partir de la escasez de invierno de 2020 (Castelo, 2020).

A pesar de esto, la importancia del peso de las ciudades no cayó en picado. Continuaron acumulando grandes carteras de población, continuando siendo un mercado para los buscadores de recursos, que también estaba bien conectado con el resto del territorio. En paralelo, su desconcentración se hacía irremediable. Los territorios circundantes se llenaron rápidamente de familias, en la medida en que el contacto directo con la tierra se convirtió en un medio fundamental de producción y sustento. En el actual 2030, el uso de combustibles fósiles se ha convertido en un recurso puntual al que acuden algunas familias cuando es absolutamente necesario. La disminución del tráfico se detuvo, las principales  avenidas y autopistas quedaron libres para caminar a pie, por lo que el concepto de espacio público incorporo estos miles de kilómetros que en otros tiempos eran sólo para el transporte.

En parques y rotondas brotaron huertos, siendo insuficiente para alimentar a toda la población urbana, cuya sustentación se dividió en dos dimensiones: el trabajo asalariado y el trabajo comunitario (Lorea, 2027). La articulación del trabajo comunitario no está exenta de problemas, por lo que las comunidades más fuertemente organizadas pueden cooperar sin traumas. Sin embargo, donde la tierra es escasa en el centro de la ciudad, muy poc*s  son l*s que se atreven a cooperar, y abundan los que se sustentan casi exclusivamente del trabajo asalariado, cada vez menos frecuente y precario, ofrecido en torno al servicio de las grandes castas familiares, y de los beneficios del comercio (Porta, 2019).

La búsqueda de la tierra cultivable hizo renacer un neo-agrarismo, en lucha constante con nuevas formas de acumulación material basadas en la propiedad de las tierras agrícolas al servicio enclaves privados dirigidos por grandes conglomerados de empresas multinacionales muy beneficiados por la reubicación del capital financiero después último crash. La nueva estrategia del capitalismo (esta vez sí) postindustrial se ve en serios apuros. La presión a la que está sometido es, por un lado, la descentralización de los asentamientos urbanos, que a diario expulsan grandes masas sociales, y la existencia de las llamadas “instituciones comunitarias” o coloquialmente “comunas”: estructuras básicas presentes en casi todos los municipios y/o concejos, creados a partir de 2014 en torno a la idea de la soberanía popular y la democracia asamblearia enfrentadas por su propia naturaleza al expolio realizado por las grandes fortunas sobre todo en lo público y en lo común. El éxito más brillante de estos es el esfuerzo en el campo de “I + D + I post-C”; la innovación en materia de energía post-colapso, cuya vertiente no es únicamente tecnológica sino también política y social. El objetivo de estas políticas es la consecución de modelos de economía cooperativa local al margen del capitalismo, y la recuperación de los servicios sociales muy dañados por las políticas productivistas de la derecha y la izquierda anteriores, y su pésima gestión de la energía (Otero, 2016). Por otro lado, el Estado está cada vez más limitado en términos de recursos. Este hecho causado, como ya se ha ido ilustrando en publicaciones como esta- miles de espacios oscuros, lugares donde el brazo mecánico del estado soberano no llega, lo que impide mediar en el conflicto social presente. La situación en este sentido se ha vuelto muy peligrosa y en algunos casos las fuerzas militarizadas, pagadas por capital privado, intervienen en las ocupaciones de tierras.

El territorio se dividió en varias fases, aunque nadie aún podía encontrar una categorización aceptada por todos, podríamos resumir el problema de esta manera:

  • Centros urbanos: sirven como lugares de intercambio comercial y conexión política y social entre pueblos, extrarradio, aldeas, suburbios y otras periferias. Además, son el hábitat de ese porcentaje de la población (alrededor del 15%) que aún vive a través de un salario. Siendo también, territorio de excluid*s; personas que por una razón u otra se negaron a cooperar con las comunas o fueron expulsadas de ellas, y ahora apenas sobreviven aprovechando los residuos de una sociedad de abundancia cuya desaparición se niegan a admitir.
  • Enclaves de grandes urbanizaciones privadas: el miedo a los saqueos y los robos produjo que l*s propietari*s de capital privado se trasladaran a parcelas residenciales fuera de las ciudades, y en algunos casos donde les era conveniente, fortificaron ciertos barrios de ciudades donde ejercían un más fácil control del Estado. Allí viven manteniendo casi todas las instalaciones de la sociedad industrial a principios del siglo gracias a los cuerpos de seguridad privadas, zonas de control hipertecnificadas y un gran volumen de capital humano (así lo llaman) destinados a trabajar en pos de su conveniencia y mantenimiento.
  • Zonas periurbanas: su mejor definición es ser un espacio de transición entre lo rural y lo urbano. Al no poder contar con los salarios para mantenerlos, la mayoría de las familias han decidido trasladarse a contornos urbanos, donde el trabajo comunitario, centrado en el trabajo agrícola, combina los salarios de un*s pocos miembr*s de estas comunidades. En estas áreas, el porcentaje de trabajador*s asalariad*s disminuye año a año y para 2030 está en un 10% (IGE, Encuesta de Población Activa – 2029).
  • Aldeas tradicionales: Ubicadas solo en entornos rurales, su población ha aumentado en la última década. Aunque no existen datos confiables, el porcentaje de crecimiento de las aldeas tradicionales se estima en un 100%, es decir, habría duplicado la población rural gallega en comparación con hace 15 años. Son los espacios en los que la transición a modelos de economía postindustrial es más simple y donde las comunidades están más sólidamente constituidas.

Bibliografía

  • Bentolila, S. Las migraciones interiores en España (2001) En línea: http://www.fedea.net/documentos/pubs/dt/2001/dt-2001-07.pdf
  • Castelo, M. Um inverno frio de 2020. Reflexões frente da lareira (2020) Ed: Editorahumana
  • Doldán, X. Maxias, meigas, bruxos e feitizos da economía moderna. De onde crían que viña todo isto? (2017) Ed: Estaleiro Editora
  • Lorea, S. ¿Hacia una nueva división de clase? La labor comunitaria y el trabajo asalariado (2027) Ed: Nuevos clásicos
  • Porta, E. A repercusión do peak oil no territorio galego. O caso dos barrios fortaleza (2019) Ed: Laiovento
  • Otero, J. A enerxía é a fonte de toda emancipación (2016) Ed: Unión Libertaria
  • Stathan, J. They wanted to grow forever… (2020) Ed: My little book
  • Turiel, A. El fracking se fractura (2013) En línea: http://crashoil.blogspot.com.es/2013/11/el-fracking-se-fractura.html

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A Ludita

La investigación sobre estas nuevas formas de habitar el territorio, nos lleva a conocer la comunidad de A Ludita, cuyo centro neurálgico se encuentra en un antiguo centro comercial en las afueras de una vieja ciudad, en su día motor industrial de la comarca. Es difícil saber cuál es el número de personas que viven en esta comunidad, pero las estimaciones realizadas por el propio investigador y la información proporcionada por los informantes clave durante las entrevistas abarcan alrededor de 7.000, lo que la convierte en la quinta comunidad más grande de toda la comarca. A medida que nos acercarnos al centro de Ludita, observamos cientos de mensajes escritos en las paredes de las casas y edificios ruinosos que reproduzco aquí debido a su carácter representativo:

  • Tierra, vida y energía.
  • Comunal o barbarie.
  • Su crecimiento es nuestra ruina.
  • Ludita en solidaridad con los compañeros del 20 de marzo.
  • Comuna de A Ludita: cooperar para repartir.
  • Sin cooperación somos carne de cañón.
  • No hay progreso si sacrificamos a la Tierra.
  • …..

Desde el antiguo centro comercial la comuna se extendía a casas de varias alturas que la rodean, y donde también viven los comuner*s. La combinación de tierras cultivadas y edificios de varias plantas hace que el lugar sea un área que apenas se clasifica como rural o urbana. Su pasado urbano es evidente, porque el color del hormigón inunda la vista, pero mezclado con verde y amarillo. Entre algunas de las casas que podemos encontrar pequeños jardines a veces, y lugares de almacén otras, donde se acumulan herramientas y vehículos de la era industrial, probablemente, a la espera de ser empleados con combustible no fósil, o tal vez a la espera de ser aprovechadas sus piezas en otros oficios.

Para llegar aquí, primero tuvimos que cruzar varias hectáreas de cultivos de maíz, hortalizas, endivias, nabos, zanahorias, patatas … cultivos de la temporada seca. Algunos establos con animales de granja, animales de granja la mayoría de las veces, siempre pegados a las casas de l*s propietari*s, algunos conejos y vacas lecheras, no más de 3 por casa.

A medida que avanzamos en la comuna, el asfalto se vuelve más denso en el paisaje, los animales más grandes desaparecen, como las vacas y los cerdos, pero se mantienen las pequeñas huertas. Cualquier esquina es una buena excusa para sembrar una finca, que proporciona comida a las familias que viven en este lugar. Como hemos visto hasta ahora, la familia es la estructura básica de la organización social, compartiendo morada. Aunque el concepto de familia es algo relativo, y no depende de la relación consanguínea, aunque también es cierto que la familia tradicional (consanguínea) ha retomado grandes espacios en la sociedad actual.

Nos acercamos al centro de Ludita. Una gran explanada distribuye varios edificios a sus lados, sirve a su vez de espacio común, hay algunos puestos de venta, much*s observando, jugando, y muchas otras personas charlan, otr*s dedicad*s a oficios como la carpintería. Al fondo, junto a lo que parece un pequeño taller, varias personas están  construyendo una pequeña embarcación.

Frente a un edificio de vidrio a nuestra derecha esta nuestro contacto. Ella es parte de la Junta del Gobierno de la Comuna de Ludita. Este órgano nació como medio de toma de decisiones colectivas y un árbitro imparcial en los conflictos entre particulares. La Junta de Gobierno tiene un lugar en la parte inferior de una gran tienda de deportes.

– L*s arquitect*s de la era industrial tuvieron el detalle de orientar este lado hacia el este – comenta ella señalando a una pared de vidrio mientras entramos. – Es una suerte, porque nos ayuda a mantener el calor del poco sol que luce durante el invierno.

Eva, tiene unos 40 años, es una mujer joven con las manos gastadas del trabajo en el campo. Llegamos rápidamente mientras saluda a algunas de las personas que están allí. Dejamos atrás la primera planta, y en el segundo piso, después de cruzar un largo pasillo, ingresamos a una sala de unos 40 metros cuadrados.

– Esta es una sala para la Junta de Gobierno, donde se organizan las asambleas comunales antes de bajar al primer piso.

Nos sorprende, en la pared del fondo, iluminada por la luz de la ventana que da a la explanada central una frase pintada:

Dicen que el hombre es la creación suprema de Dios, y que todo en la naturaleza está a su disposición. Pero en Ludita no somos tan presuntuos*s como para vulnerar la tierra que nos sostiene.

Eva observa nuestra sorpresa y sonríe. Inmediatamente tomamos asiento y comenzamos la entrevista.

– Muchas gracias por darnos la bienvenida y facilitar esta entrevista Eva, haznos un gran favor. No queremos perder más tiempo y comenzar la entrevista pronto. ¿Te parece acertado?

– Claro.

– Bien! ¿Podría comenzar contándonos su experiencia en la organización de Ludita?

– He sido elegida por 6 meses como parte de la Xunta de Gobierno de la Comuna. En total somos 7 miembros en la Xunta y nuestra función consiste en facilitar la toma de decisiones y la mediación en conflictos internos. La elección de la Xunta se lleva a cabo con el apoyo de las familias, por lo que l*s siete voluntari*s que reciben más apoyo de la Asamblea de la Comúna serán los que formarán parte de la Xunta. En los votos de la Asamblea solo se permite un voto para cada casa con gente, es decir, habitada.

Para las familias, tener una persona en la Junta de Gobierno es sinónimo de reconocimiento y orgullo, pero la verdad es que no representa un privilegio, más bien al contrario, ya que suele ser una pesada carga de trabajo que no te libera de tu trabajo en la comuna. El período máximo de permanencia de una Junta es de 2 años, y esto puede ser menor en el caso de reclamar una nueva elección de la Junta por parte de un tercio de las familias.

– Eres una de las primeras en venir aquí hace 15 años, cuéntanos la historia de Ludita. ¿Cómo nació?

– Nació con la ocupación de este Centro Comercial. Su comienzo no se debió a grandes planes políticos, ni a estrategias para colapsar, eso sucedió después. Nació de la necesidad de las personas que vivían en su entorno, y que no soportaron que ese lugar llevara 5 años vacío. El desempleo, los problemas de vivienda y, sobre todo, la falta de recursos de la administración estatal llevaron a las primeras 40 personas a tomar este lugar por la fuerza simplemente para vivir mientras se esperaba que la situación mejorara.

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– Pero la situación no mejoró…

– Efectivamente. Esto se convirtió en necesario ante la búsqueda de recursos para el mantenimiento básico, no tuvimos más remedio que comenzar a gestionar aspectos fundamentales de nuestras vidas de forma directa. Todo esto se dio en paralelo a las candidaturas ciudadanas que irrumpirán en el panorama político de la ciudad a partir del año 2015, logrando el establecimiento de fórmulas abiertas para la participación popular en el Ayuntamiento. Gracias a esto, tuvimos cierta cobertura de la administración.

– Y luego…

– En pocas semanas comenzaron a llegar familias enteras al lugar, tanto que nos empujaron a tomar las tierras adyacentes y convertirlas en huertos. Fue un tiempo de mucho caos. En el primer año de existencia, la organización era muy precaria y nadie estaba seguro de cómo actuar. Por un lado, no podíamos cerrar las puertas de un espacio que se nos venía grande, por otro, el aumento de personas en la comuna implicaba una organización que estaba muy lejos de hacerse realidad, y además estaba el problema de expandir nuestras áreas de cultura. Sin embargo, el primer año fue también el momento en que la palabra cooperación adquirió un significado trascendental en nuestras vidas.

– ¿Cómo hicisteis para distribuir las áreas de cultivo?

– Al principio, cada familia tomó la tierra que más le conviene. Aunque los expropiamos de forma común, las propiedades del trabajo y la tierra se dividieron por unidades familiares. Pero esto supuso una serie de problemas. La primera fue que, como la tierra estaba demasiado fragmentada, resultó ser improductiva para ciertos cultivos, como los cereales, la segunda más importante fue la percepción que algunas familias tenían de su terreno en comparación con otras. Much*s estaban convencid*s de que les tocaría lo peor. Pequeños robos comenzaron a ser comunes, y la toma de decisiones terminó como una disputa constante sobre la propiedad de la tierra. Esto fue así hasta que la Asamblea decidió tomar la única decisión que parecía racional: compartir la tierra y el trabajo por igual, deshaciendo las parcelas, de modo que todas las tierras pasaran a ser propiedad de la Comuna. A partir de este momento fue cuando realmente comenzó la constitución de la Comuna A Ludita.

– Y ahora, ¿cómo os organizais?

– Dependemos fundamentalmente de dos actividades: agricultura y comercio. Llevamos a cabo más actividades como la ganadería y la pesca, pero estas son en menor medida, ya que requieren una gran inversión de recursos. Cada quince días coincidimos con los habitantes de otros lugares en el centro de la ciudad, donde se celebran las ferias. Allí cada comunidad ha delimitado un área donde colocar sus productos, que se venden temprano en la mañana. Es una oportunidad para establecer relaciones con más personas que se autoorganizan en instituciones comunitarias, y por las tardes las usamos para llegar a acuerdos en común, exponer problemas y tratar de ayudarnos en lo que podamos. De hecho, estos momentos tienen muchos propósitos, incluso tenemos festividades en común con el final de cada estación. Así las ciudades continúan siendo el centro de alguna actividad porque las infraestructuras de transporte con las que aún contamos están dirigidas hacia ellas, y en ellas aún vive un pequeño porcentaje de personas asalariadas que pueden pagar nuestros productos, aunque el intercambio se realiza principalmente entre comuner*s.

– ¿Cuál es la relación con ese porcentaje de personas asalariadas?

– Como siempre ha sucedido, las ciudades dependen de la granja para abastecerse de alimentos, aunque el número de emplead*s es menor cada año, las ciudades están cada vez más vacías y las comunas doramos de espacio para el asentamiento de estas personas

– Ludita se encuentra a pocos kilómetros de uno de los barrios  fortalezas más grandes de la comarca. ¿Cuál es la situación a este respecto?

– ¡Muy complejo! Estos vecindarios ocasionan un gasto de recursos, su extensión es un problema para nuestra supervivencia y al mismo tiempo nuestra extensión es un problema para su comodidad. A veces no tenemos más remedio que tomar las tierras agrícolas que pertenecen a compañías que venden su producción a los barrios fortificados. Se supone que esto es más un escombro, y creo que casi todas las comunas son conscientes de que su existencia representa un peligro. Sin embargo, el número de comuneir * s aumenta cada año, lo que nos obliga a aumentar la tierra destinada a nuestro sustento. Es una situación de tensión constante en la que nunca sabemos con certeza cuál será el próximo movimiento. La primavera pasada, un cuerpo de seguridad privada se hizo cargo de varias hectáreas de  nuestr*s vecin*s. Este hecho hizo que las comunas de la región se reúnan para tomar una decisión. Finalmente se concluyó que era mejor buscar otras tierras aunque fueran de peor calidad que enfrentar las fuerzas de las compañías. Pero esto ha causado una cierta división y, desde entonces, algunos pequeños grupos de comuner*s han comenzado a actuar por su cuenta, saboteando la maquinaria de trabajo que funciona en el campo de las empresas.

– ¿Y el Estado no hace nada en contra de esto?

– Legalmente la propiedad es de estas compañías que todavía tienen suficiente dinero para comprar tierras. Por esa razón, el Estado tiene las manos atadas ante este conflicto. Y ya sabemos la poca capacidad que tiene hoy en día en ciertos ámbitos. Además, sus recursos también escasean, y hay muy poc*s comuner*s que pagan impuestos. En el ámbito administrativo, podemos decir que estamos sol*s, tan solo podemos contar con las instituciones que nosotr*s mismos creamos. Por eso el Estado hace especial incapie en mantener el status quo, y persigue en la medida de sus posibilidades a estos grupos Comuner*s que actúa a través del sabotaje, amparándose en la estrategia en la lucha internacional contra Nemesis, aunque estas personas no tienen por supuesto nada que ver con esa red.

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– ¿Cuál crees que será la conclusión de este conflicto?

– Su sociedad está destinada a desaparecer, no hay duda, el caso es que su desaparición no lleve por adelante todo lo que estamos construyendo desde las comunas. Una confrontación directa con las empresas y la fortaleza de los barrios se decantaría a su favor, y ni siquiera podemos esperar que el Estado intente defendernos. La estrategia, en mi opinión, es la espera. Cuanto más se tarde hasta que se produzca esta confrontación, más débiles serán los más fuertes y la cohesión nos acompañará.

Autor: HENRIQUE P. LIJÓ

Texto original en gallego

Fuente:

https://www.15-15-15.org/num0/cenit-concentracion-urbana-POR-henrique-perez-lijo.shtml

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