Cual fue el contexto previo a la revolución cantonal en la Península Ibérica?

En la actualidad, la derecha se ha adueñado del liberalismo, hasta el punto de que ambos términos, “liberalismo” y “derecha”, a veces se utilizan en Europa como sinónimos. Este fenómeno, que en parte obedece a una exégesis del liberalismo en clave exclusivamente económica, no debe hacernos olvidar la existencia de un liberalismo de izquierdas, que en España se remonta cuando menos al trienio de 1820-1823. Para los liberales de izquierdas, el liberalismo no era sólo una ideología económica y política, sino también una actitud ética a favor de la emancipación del individuo de cualquier tipo de esclavitud. Esta perspectiva les llevó a defender un liberalismo democrático y social, bien distinto del liberalismo conservador, hegemónico entre nosotros, pero sin confundirse con la socialdemocracia, propugnaban el laicismo y un conjunto de políticas destinadas a mejorar la instrucción y el bienestar material de la mayoría de los ciudadanos, como ocurrió en España durante el sexenio revolucionario (1868-1874).

Entre las personalidades destacadas de este liberalismo de izquierdas podemos mencionar a Álvaro Flórez Estrada (1766-1853).  En 1818 quien escribiera una Representación en defensa de las Cortes de Cádiz, dirigida a Fernando VII, el rey que poco antes le había condenado a muerte. Este escrito tuvo una enorme difusión entre los liberales españoles del exilio y del interior. El levantamiento de Riego, en 1820, le trajo de nuevo a España. Fue elegido diputado a Cortes y, ante la división del liberalismo entre “exaltados” y “moderados”, no dudó en aliarse a los primeros, aunque su radicalismo siempre estuvo ayuno de demagogia. Poco antes de la invasión de los Cien Mil Hijos de San Luis fue nombrado presidente del Gobierno, cargo que ejerció tan sólo durante dos meses. En 1823 se libró de una nueva condena de muerte y se exilió otra vez en Londres. Después de residir en la capital francesa desde 1830 a 1834, en donde tuvo ocasión de familiarizarse con las obras de los socialistas utópicos, Flórez volvió a España, por entonces sumida en la primera guerra civil entre liberales y carlistas. A través de varios opúsculos, en los que mostraba su preocupación por las condiciones de vida de los campesinos, soporte principal del carlismo, llevó a cabo una inteligente crítica de la desamortización emprendida por Mendizábal en 1836. Tres años más tarde dio a la imprenta un notable artículo sobre la “cuestión social” -fue el primer español en emplear este concepto-, que suscitaría de inmediato una interesante polémica. La importancia de esta cuestión se pondría de relieve con la revolución europea de 1848.

Su fidelidad a un liberalismo muy avanzado, su independencia de criterio, su gran coraje cívico, le enfrentaron de forma inevitable al absolutismo, pero también al liberalismo conservador. En vida resultó un hombre incómodo para casi todos. Sólo una minoría, entre la que se hallaban Larra y Espronceda, lo aceptó como heraldo de un liberalismo democrático y social. Después de su muerte, apenas un puñado de demócratas y republicanos, vinculados a la Institución Libre de Enseñanza, recordaron su figura con afecto y admiración durante la segunda mitad del siglo XIX, insistiendo en el contenido liberal, no socialista, de su pensamiento, cimentado en un individualismo solidario. También Joaquín Costa destacó su labor, pero en este caso para convertirlo en un precursor de las tesis colectivistas de Henry George.

Algunos de los retos esenciales de los liberales de izquierdas era el hacer factible la defensa y preeminencia de los derechos individuales y, al mismo tiempo, el compromiso cívico y el bien común. Por lo tanto sus ideas son muy cercanas a las comunitaritas al defender que la primacía del bien común es la base de las reglas y procedimientos políticos y jurídicos. Consideraban que la persona es un ser esencialmente social siendo constitutivo de su propia identidad como individuo consustancial con el establecimiento de un conjunto de lazos sociales, compromisos y roles comunes, también defendían que el bien es previo a la justicia, partían de la premisa de que las relaciones sociales y la participación comunitaria tienen que ser valoradas como buenas por sí mismas.

En general, debe señalarse que el tráfico cultural y muy particularmente el de la literatura revolucionaria francesa cobró un espectacular auge a partir de los sucesos de 1808, jugando en ello un papel de primer orden las tropas invasoras. La proliferación de diarios, periódicos y revistas de carácter liberal, y no sólo liberal, en la España de 1808 a 1814 fue notable.

En las Cortes de Cádiz, el iusnaturalismo racionalista, en especial el anglofrancés, así como el pensamiento constitucional a él vinculado (Locke, Rousseau, Sieyès) y sobre todo las tesis expuestas en la Francia de 1791, inspiraron de una manera crucial y determinante a todos los componentes del grupo liberal. Esta fue la fuente doctrinal que más influencia tuvo en la teoría constitucional del liberalismo doceañista. Entre los principios informadores de la Declaración de derechos de 1789 y de la Constitución francesa de 1791, de una parte, y los que defendieron los diputados liberales en las Cortes de Cádiz, de otra -que en su mayor parte se plasmaron en la Constitución de 1812- hubo una sustancial similitud, cuando no identidad.

Pero, sobre todo, esta influencia se puso de relieve en las más importantes premisas que sustentaron los liberales en las Cortes, como la teoría de la soberanía, los conceptos de Nación y Representación. Unas premisas, además, que cristalizaron en la Constitución de 1812, confiriéndole un inequívoco carácter revolucionario.

Reseñar también la figura de Joaquín Costa y Varela exponente del movimiento regeneracionista y el más crítico pensador que ha tenido el sistema de la Restauración. Se mostro favorable al despliegue de las ideas a partir de la lucha de las fuerzas sociales y claro defensor de un organicismo social y evolucionista que considera la sociedad como un ser con personalidad propia. Pero frente a ese liberalismo armónico de sus maestros, el joven Costa contrapuso ya un reformismo (y liberalismo) social que iba más allá del reformismo de aquéllos, mostrándose más radical en sus reformas sociales, pero rechazando la revolución como solución extrema pues confía en utilizar la ciencia (optimismo cientifista) para mejorar el orden social; asimismo, su individualismo estaba contrapesado por un comunitarismo más acusado, de claro origen rural.

Los autores citados por Costa en apoyo de sus tesis (Lamartine, Chateubriand, Gasparin, Balmes, Fermín Caballero, Brüchere, Ahrens, Flórez Estrada, Colmeiro, el Padre Mariana, etc.) le sitúan, por un lado, en la línea de un reformismo cristiano, durante su juventud, de corte conservador por lo que se refiere a su defensa de la propiedad privada y su extensión o universalización, pero también en la línea de otros reformadores como Flórez Estrada con un carácter más radical y claramente anti oligárquico del que carecen los autores conservadores católicos. En este sentido, Costa representa, como ya advirtieron los historiadores franceses Maurice y Serrano, una variante del igualitarismo agrario que cuajó en la Revolución Francesa, de raíz esencialmente antifeudal y más tarde anticapitalista. Hay pues en Costa, una intención explícita de cambiar el orden social, no de reformarlo para que se perpetúe. Su pretensión de sustraer la institución de la propiedad del régimen de derecho privado (Maurice y Serrano, 1977: 81) indica que la concepción costiana del Estado va más allá de la de sus maestros krausistas, anticipándose, de modo rupturista, a su reivindicación de una regeneración o reestructuración del Estado para su reconversión en agente de la reforma social y motor del desarrollo económico. La cuestión de la propiedad es pues, un tema central tanto en el Costa joven (con más énfasis en su descentralización o reparto) como en el Costa maduro (el del colectivismo agrario), ya posicionado en un democratismo comunitarista y un igualitarismo de base.

En la próxima entrega se informara con respecto a la Revolución Cantonal

 

Reseñas Bibliográficas.

Álvaro Flórez Estrada

https://es.wikipedia.org/wiki/%C3%81lvaro_Fl%C3%B3rez_Estrada

Un liberal de izquierda. Álvaro Flórez Estrada

http://data.cervantesvirtual.com/manifestation/597084

Obras de Flórez Estrada, Álvaro, 1766-1853

http://data.cervantesvirtual.com/person/74

Joaquín Costa y el anarquismo

http://revistas.iea.es/index.php/AFJC/article/viewFile/2499/2489

Un profeta político: Joaquín Costa

https://e-archivo.uc3m.es/bitstream/id/7362/RHE-1997-XV-1-Varela.pdf/

Un profeta político: Joaquín Costa

https://e-archivo.uc3m.es/bitstream/id/7362/RHE-1997-XV-1-Varela.pdf/

Colectivismo agrario en España – Costa, Joaquín, 1846-1911

http://www.larramendi.es/es/consulta/registro.do?id=660

 

 

Retrato de un liberal de izquierdas

http://www.juntadeandalucia.es/educacion/vscripts/w_bcc1812/w/rec/4196.pdf

 

La Constitución de Cádiz y el Liberalismo español del Siglo XIX – Joaquín Varela Suanzes-Carpegna – Oviedo, febrero de 1987

 

http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/la-constitucin-de-cdiz-y-el-liberalismo-espaol-del-siglo-xix-0/html/0062d5a2-82b2-11df-acc7-002185ce6064_2.html