
La Cueva del Cerro de Guisando, en El Tiemblo (Ávila) hoy en día no es más que una cavidad de solo 8 o 10 metros, pero era mucho más profunda. Las descripciones de los monjes jerónimos del siglo XV hablan de dos salas grandes y un pasadizo que se adentraba en el cerro.
Qué paso:
A mediados del siglo XX hubo un derrumbe en la segunda sala. La parte de atrás de la cueva se vino abajo y la selló por completo. Desde entonces solo se puede entrar a la primera sala, unos 8-10 metros.
Una cueva y dos leyendas.
Ataecina era la gran diosa lusitana-vettona. Su santuario principal estaba en El Turuñuelo, Badajoz, pero su culto se extendía por toda Vettonia: Ávila, Salamanca, Cáceres. Era diosa del inframundo, de la salud, de las aguas curativas y de los ciclos de muerte-renacimiento.
Por qué la Cueva de Guisando encaja con Ataecina:
Agua dentro de la cueva: Ataecina está ligada a manantiales y aguas subterráneas. Las ofrendas a ella aparecen siempre en sitios húmedos, grietas, cuevas. La Cueva de Guisando tiene una fuente dentro. Para los Vettones eso no es casualidad, es la señal de que la diosa habita ahí.
Cueva = boca del inframundo: Para los Vettones y Lusitanos, las cuevas eran literalmente puertas al mundo de abajo, al dominio de Ataecina. Ahí se hacían ritos de curación, se dejaban exvotos, se enterraban huesos de antepasados.
El proceso de cristianización: Cuando los jerónimos llegan en 1375 y fundan el monasterio encima, se encuentran con que la gente ya iba a esa cueva a pedir curas, a dejar ofrendas. No podían prohibirlo de golpe. Entonces hicieron lo de siempre:
Crear una bella leyenda asociada a la cueva.
La leyenda de la Mora de Guisando:
Cuando Alfonso VI conquistó Ávila y el Valle del Tiétar en 1085, el último alcaide musulmán de la zona, Alí Ben Galbón, huyó con su hija Fátima hacia las sierras. Traían cargadas dos mulas de oro, joyas y manuscritos del alcázar de Ávila.
Al llegar al Cerro de Guisando, los soldados cristianos les pisaban los talones. Alí metió a Fátima en la cueva que hoy lleva su nombre, tapó la entrada con ramas y le dijo: “Espera aquí. Si no vuelvo en tres días, coge lo que puedas y huye a Granada”.
Alí murió combatiendo al pie del cerro, pero Fátima nunca salió. La cueva tenía agua, así que sobrevivió. Con el tiempo los pastores empezaron a ver luces y a oír cantos dentro. Decían que era “la mora” que guardaba el tesoro y que salía en luna llena a peinar su pelo negro con un peine de oro.
Cuando en 1375 los jerónimos fundaron el monasterio justo encima, encontraron la cueva. La “santificaron” y difundieron la historia: la mora se había convertido al cristianismo antes de morir, y su alma penaba guardando el tesoro hasta que alguien puro de corazón lo encontrara.
El giro del tesoro:
La leyenda dice que el tesoro sigue ahí, pero hay dos condiciones para sacarlo:
Tienes que entrar solo, en Viernes Santo, a las 12 de la noche.
Si miras atrás al salir, la cueva se derrumba y te quedas dentro para siempre con la mora.
Por eso nadie ha sacado el oro. Bueno, nadie que lo cuente.
La gente sigue bajando a la cueva y dejando monedas en una grieta como ofrenda a “la mora” para que dé suerte. Los monjes del siglo XV se frotaban las manos: la leyenda llenaba el monasterio de peregrinos.
Ataecina vs. La Mora
– La “mora” = Ataecina demonizada y luego convertida.
– El tesoro = las ofrendas que la gente seguía dejando.
– La penitencia de la mora = la diosa pagana sometida al Dios cristiano.
El mismo patrón que con Santa Eulalia, Santa María de la Peña, y decenas de santuarios marianos en cuevas: encima del sitio de Ataecina pones una Mora penitente o una Virgen, y la gente sigue yendo olvidando su pasado con el tiempo.
La “Mora” de Guisando es un eco tardío de Ataecina. El nombre cambió, el rito cambió de forma, pero la cueva con agua en el Cerro de Guisando siguió siendo un sitio mítico.
Los Toros de Guisando a 2 km confirman que toda esa zona era territorio sagrado vetton. La cueva era la parte “chthónica”, la de Ataecina.
El derrumbe que selló la segunda sala de la Cueva de la Mora ocurrió a mediados del siglo XX, concretamente en los años 40-50. Antes de eso, la cueva seguía abierta y se podía recorrer.
Por cierto la tradición oral dice que el derrumbe de la cueva no fue natural: que la Guardia Civil o la administración lo provocó para tapar la entrada trasera y evitar que se siguiera usando como escondite de maquis y familias represaliadas por el franquismo que hacían suya la leyenda de La Mora para sobrevivir dentro de la gran cueva.
Y este lugar, no hemos de olvidar, fue determinante para acabar con la rebelión comunera. Con el pacto de los Toros de Guisando triunfo la traición a la reina castellana Juana, triunfo la Mesta representando el poder económico de parte de la nobleza castellana, aquella que apoyaba a Isabel y a Carlos I, llegado de Flandes, impulsor de impuestos, quién nombrara flamencos en cargos, y que no hablaba castellano. El poder del absolutismo se conservaba y el pueblo castellano pagó las consecuencias. Y todo ello en un lugar muy específico, y no por casualidad.
Símbolo de la propia diosa: Hay investigadores que creen que Ataecina a veces se representaba ella misma como una cabra, o con cuernos. En mitologías celtas e ibéricas es común que la diosa madre tenga atributos animales. Por eso en las reconstrucciones modernas le ponen cuernos o una cabra al lado.
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